domingo, noviembre 14, 2004

La Solidaridad

Al hombre lo salva tener la ventura de recordar el rostro de quien ama

El mejor producto de la región

El hacendado conseguía ganar todas las medalla del Ministerio de Agricultura, porque su mijo era excelente calidad. Intrigado, un periodista decidió acercarse hasta el lugar donde vivía con la intención de escribir un gran artículo sobre el secreto de tan gran éxito.

Al llegar allí, le pregunto qué hacía para conseguir siempre el mejor producto de la región.


-Muy fácil- respondío el hacendado-. Al final de la cosecha, separo una buena parte del grano y lo reparto entre todos mis vecinos.

El periodista se sorprendió:

-¿Repartir lo que recogió?¿No se da cuenta que sus vecinos también son competidores, y quieren producir más?
-¿No se da usted cuenta de que todo es uno?
En primavera, el viento trae el polen y lo esparce por todo el lugar. SI mis vecinos plantaran algo malo, mi cosecha se vería tambien afectada. Para tener el mejor producto de la región, hay que hacer que los campos vecinos mantengan la misma calidad.
No puedo hacer nada bueno en la vida si no estimulo a otros a que hagan lo mismo.


En el campo de concentración

El psiquiatra alemán Víctor Frank describe su experiencia en un campo de concentración nazi:
… en medio del humillante castigo, un preso dijo: "!Ah, si nuestras mujeres nos viesen así!”.
El comentario se hizo recordar el rostro de mi esposa y, en el mismo instante, me lanzó fuera de aquel infierno. Volvieron las ganas de vivir, diciéndome que la salvación del hombre es por y par ael amor. Allí estaba yo, en medio del suplicio, y aun así capaz de entender a Dios, por que podía contemplar mentalmente el rostro de mi amada.
El guarda mandó que todos parasen, pero yo no obedecí, porque en aquel momento no estaba en el infierno. Pese a que no había modo de saber con certeza si mi mujer estaba vida o muerta, esto no cambia nada: Contemplar mentalmente su imagen me devolvía la dignidad y la fuerza.
Aunque se lo quiten todo, el hombre todavía tiene la buena ventura de recordar el rostro de la persona que ama, y esto lo salva.

El niño y la traición.

El religioso gritaba en la calle “¿No somos todos hijos del mismo Padre Eterno? Si esto es así, ¿Por qué traicinamos a nuestro hermano?”. Un niño que asistía preguntó al padre “¿Qué es traicionar?”.

-Es engañar a tu compañero para conseguir determinada ventaja, explicó el padre.
-¿Y por qué traicionamos a nuestro compañero?
-Porque, en el pasado, alguien comenzó. Desde entonces, nadie ha sabido cómo detener la rueda: estamos siempre traicionando o siendo traicionados.
-Entonces yo no traicionaré a nadie, comentó el pequeño.


Y así fue. Creció, recogió mucho de la vida, pero no dejó de ser fiel a su promesa.
Sus hijos sufrieron menos y recogieron menos. Sus nietos no sufrieron.

La Torre de Babel

Las palabras son de Rufus Jones (1863-1968)

“No estoy interesado en construir nuevas torres de Babel, con la excusa de que necesito llegar hasta Dios. Tales torres son abominables; algunas están hechas de cemento y ladrillos; otras, con pilas de textos sagrados. Algunas fueron construidas con viejos rituales y muchas se erigen con las nuevas pruebas científicas de la existencia de Dios. Todas estas torres, que nos obligan a escalarlas desde una base oscura y solitaria, pueden darnos una visión de la Tierra, pero no nos conducen al Cielo. Lo único que conseguimos es la misma y vieja confusión de lenguas y emociones. Los puentes hacia Dios son la fe, el amor, la alegría y la oración.

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