viernes, noviembre 26, 2004

Mujer sin Alma

La pareja perfecta, demasiado perfecta.. él no bebe, ni se droga, trabaja y colabora, pero... golpea, humilla y destroza.

Me atrapó la dulzura de un hombre, me abandoné a un loco deseo, convertí mi vida en un triste cuentro de puertas para adentro. Que nadie se entere... que yo con esto puedo. La vida perfecta es lo que voy ofreciendo. Vecinos, amigos y familia envidian la suerte que tengo.

No saludo, no sonrío, la mirada clavada en el suelo, porque miro y no veo, lo que fui, lo que soy y lo que deseo. Que no se entere nadie que llevo escondida en mi alma a una mujer herida. Mi delito en esta vida es ser mujer y no querer ser sometida.

No veía, no sentía, ni siquiera sufría, sólo tenía lo que merecía, ¡algo habré hecho cuando él me humilla con tanto derecho!. La puerta se cerraba y el miedo dominaba, ahora un golpe, una amenaza, la dulzura de ese hombre se convirtió en un arma que abre mi cuerpo y traspasa mi alma.

Mi cuerpo, su aliado, cicatriza las heridas para que no se vea nada. Mi alma destrozada, mi aliada, me empuja a no seguir callada. A un cuerpo magulado a un alma destrozada acompaña ya ni siquiera te duele el cuerpo, porq te ha destrozado las entrañas. El asesino perfecto que mata y se salva.

¡Malditas paredes que tapáis a los que agreden! Cobardía de vecinos que predican su solidaridad a voz en grito pero que con sus silencios protegen al asesino.

Pero siempre hay un momento de lucidez y esperanza, que te grita desde dentro ¡sácame de aquí y escapa! No permitas durante más tiempo ser una mujer maltratada. Dile a tu alma que regrese a tu cuerpo y vete a buscar tu sitio después de recibir tanto amor muerto.

No te culpes y reclama lo que, por derecho, te pertenece y otros te estafan.
Empieza tu batalla mujer y verás cómo tus fuerzas no te falla. Encontrarás otras formas humanas que te juzgan, te condenan y se ensañan. Jueces, fiscales, policías y hospitales tienen delante sus vergüenzas que les gritan a sus conciencias que sus reglas tienen muchas deficiencias y, en vez de corregir sus errores, nos echan encima sus temores. Este no es un problema mío, es la vergüenza de todos que yo he sufrido.

Violencia de género, violencia de sexo, éste es mi tiempo, éste mi momento, no volveré a renegar de mi sexo, ser mujer es dar vida y vida es lo que tengo. Que se enteren los sin alma, que para esta batalla no necesito sus armas porque tengo la conciencia tranquila y sé que, por amor, no se mata.

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