lunes, diciembre 20, 2004

Carta a los Reyes

Durante la última década, las guerras han dejado el triste saldo de dos millones de niños muertos, 12 millones sin hogar, más de un millón de huérfanos...



Recuerdo, como si fuera hoy, mi carta... Hace mucho tiempo, queridos Reyes, que no les escribo.
Empezaba así:

Queridos Reyes Magos:

Dice mi mamá que, como hay guerra, les pida pocas cosas... Había guerra entonces. Yo apenas si la había visto, porque mi pequeña ciudad duró tan solo doce o trece horas. Pero la había en aquel sitio vació en nuestra mesa, en los nervios de mamá que esperaba todos los días la llegada del cartero y en mis hermanos que se pasaban el día haciendo jerseys para mi hermano mayor que estaba en el frente.

Había guerra. Y, como había guerra, no pude aquel año pedirles, Reyes míos, aquellos juguetes que tanto había soñado.
Qué cosas: ¡La guerra no me dejó pedirles un balón, el castillo de lego y una bici.

Fue una Navidad triste aquélla. Ni siguiera sabía si vendríais.

Mi madre decía: ¡Quién sabe si podrán venir este año, todo esta en guerra!
Yo preguntaba: ¿Y si hieren a un Rey Mago, mamá?

Ya ven, los niños siempre hacemos preguntas que hacen quedar en blanco a los papas: Hirieron a un Rey Mago. Hirieron a los Magos. Las guerras son así. Los partes militares dan sólo el número de muertos en el campo de batalla. Pero nadie lleva la cuenta de las ilusiones enterradas, de los muertecitos que se le van acumulando a uno dentro. Hirieron a un Rey Mago. A LOS TRES.

Sigue habiendo también demasiados hombres que cada mañana no encuentran en sus zapatos otra cosa que soledad, hambre y odio de diversos colores.

Y ésa es la razón por la que hoy vuelvo a escribirles: hace falta que me traigáis el balón o el castillo de lego o la bici. Hace falta llenar el mundo de juguetes, para que el mundo vuelva a sonreír.

¡Quién sabe! Tal vez este año logren atravesar los campos de batalla del mundo, sin ser heridos; tal vez mañana alguien rebaje sus personales cordilleras de egoísmo y resucite - con un relámpago de gozo - al chiquillo que fue.

Ustedes, Reyes, lo pueden todo. Quizá mañana encuentren muchos hombres en sus zapatos la vieja ingenuidad que creían perdida.

Me gustaría que este Cuaderno pudiera pasar hoja y empezar otra nueva llena de esperanzas e ilusiones. Sin miedo, sin maldad, sin terror y sin muerte.

Atentamente:

Omar Ibn al-Jattab

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