martes, enero 04, 2005

Nuestro Destino

Ahora limpio y recuperado de sus heridas, intentamos que nuestro cariño pueda hacerle olvidar si no todo, un poco del dolor que sufrió.



Lo encontré tumbado en una cuneta, por su estado pensé que estaba muerto aunque Dios había escrito en su destino que ese no sería el lugar de su muerte y a duras penas movió su cabeza observándome. Nunca olvidaré aquella mirada. Ahora, casi recuperado por completo, es el niño mimado. Uno más de la familia.

Solo en algunos momentos si le miras a sus ojos, puedes ver ese sufrimiento, es una herida en el corazón que nunca terminará de cicatrizar y que intento pueda olvidar.

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