viernes, enero 07, 2005

Ramón Sampedro

¿Y cómo hablo de amor si estoy muerto?

¿Y como hablo de amor si estoy muerto?
Si los muertos no tenemos pasiones,
ni de humanos afectos sentimientos
sólo somos de los vivos el espanto.

Todo es incoherencia y contradicción
para un muerto entre los mortales.
No lo excitan la luna, ni la flor, ni la hembra,
porque no tiene carne para reproducirse.

¿Hay cosa más absurda que escuchar un cadáver
hablar apasionadamente como un humano,
si no puede sentir ni el calor ni el frío
ni el placer ni el dolor o el llanto?

Es horrible ser un muerto entre los humanos.
Ser el muñeco con quien representa una parodia absurda
los psicópatas esquizofrénicos vivos
que disfrutan con la visión de un cadáver putrefacto.

Embadurnado de excrementos, babas y locura
al que con asco y saña, impertinentes, siguen limpiando.
Y pide liberarse, el cadáver, de entre los vivos locos,
pero éstos no entienden los silenciosos gritos de los muertos.

Y con patético ensañamiento lo siguen animando:
cuenta, muerto, tú historia de lo que estás pasando;
parece que eres uno de nosotros, los vivos,
aún aparentas algo de ser humano.

En vano les digo, ¡que no!, ¡que estoy muerto!,
que ya no puedo hablar igual que ellos
porque me resulta absurdo hablar igual que los humanos.
Y no me dejan ser ni muerto ni vivo
estos locos y alucinados desquiciados.

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