domingo, enero 30, 2005

Samina Ali

Nació en Haiderabad, India y creció tanto en la India como en los Estados Unidos. Hoy en día reside en California y Mandrás bajo la lluvia es su primera novela.

En medio del calor y del ruido de Haiderabad, Layla, una joven que ha crecido en Estados Unidos, y su madre, se apresuran por las callejuelas de la ciudad cubiertas por los velos de sus chadores. Tan sólo faltan dos días para la boda de la muchacha, pero ella se niega a casarse, por lo que su madre cree que está poseída por los demonios y que necesita ayuda de alim, un curandero místico. Después de todo, ninguna mujer en su sano juicio rechazaría a un esposo.

Cuando, obligada, accede finalmente a conocer al novio y a sus parientes y a iniciar el ritual de la boda, Layla descubre que Samir, su prometido, es un hombre educado y encantador y que su familia es, en realidad, la que ella siempre había deseado.

Después de la ceremonia, emprende su viaje de bodas a la ciudad de Madrás, al mismo tiempo que el monzón, inclemente, empieza a azotar las casas y las vidas de sus habitantes y la de la nueva pareja, que verá cómo la incesante lluvia destapa secretos hace tiempo olvidados.

En esta novela delicada, mágica y evocadora, Samina Ali examina el camino hacia el conocimiento propio de Layla, una protagonista inolvidable.

1 comentario:

Nelkita dijo...

"Sufro en silencio en una habitación ajena.La puerta cerrada. Los postigos de madera cerrados a cal y canto.
El borde de uno de los postigos de madera, astillado y un poco combado, permite la entrada de un solo haz de luz en la habitación.Estoy tumbada en el centro de la cama de mi tía, la que trajo con su dote hace unos veinte años.Para la noche de bodas la envolvieron en una tela mosquitera de color rosa , y los cordones de jazmín y de rosal que colgaban de las cuatro esquinas llenaban el aire con su aroma.Ella vió por primera vez el rostro de mi tío aquella noche, mientras le hacía el amor, no sobre el suave terciopelo rojo con que habían cubiero el colchón para tal celebración, sino cuidadosamente situados sobre la tela blanca de seis centímetros cuadrados que habría de dar a su matrimonio más validez que el collar de alianza o los votos profesados.
A la mañana siguiente, él colgó la tela manchada de rojo en el tendedero y la dejó agitarse al viento para que la vieran todos,una bandera blanca, muestra de la rendición de ella y la victoria de él.Luego ella, tras haber demostrado que lo merecía, empezó el largo proceso de olvidar a su familia para integrarse en la mía".

Madrás bajo la lluvia.
Samina Ali.