martes, enero 25, 2005

Yehoshuah de Nazerat

La esencia de lo que a mi modo de pensar es el cristianismo se resume en dos frases; "Ama a Dios sobre todas las cosas" y "Ama a tu prójimo como a tí mismo".

Yehoshuah de Nazerat nació en Nazerat (Nazareth), un pequeño pueblo de Galilea allá en Israel, hace unos dos mil años; toda su vida trabajó ayudando a poner remiendos de carpintero con su padre José; pero, como en la pequeña carpintería no había trabajo para todos sus hijos, tanto el hijo mayor que era Yehoshuah, como los que le seguían, solían guardar las ovejas de algún vecino, o ayudando en la pesca a algún amigo o vecino en el Gineseret.´

Yehoshuah era el rabí de la casa, y además admirado y respetado por todos, incluso por el mismo rabino que dirigía la pequeña sinagoga del pueblo el cual, en muchas ocasiones, llegaba hasta su casa para pedirle consejo o alguna aclaración sobre hechos de la Torá, o sea, la Ley de Dios para los judíos; y el carpintero trataba de aclararle las cosas, más con sabiduría que por la letra, a la que a duras penas sabía descifrar.

A Yehoshuah de Nazerat le consideraban un rabí, o sea, un maestro entre las gentes de su pueblo, sobre todo la gente pobre que con el paso del tiempo empezaron a verlo ya como a un profeta. Poco a poco gentes de otros pueblos acudían a él para pedirle consejos, y algunos amigos suyos, también pobres, pescadores, pastores, etc., solían seguirle cuando éste, visitando los pueblos, les aclaraba cosas acerca del Espíritu, generalmente en shabat o día de descanso para los judíos, cosa que irritaba mucho a los sacerdotes.




Pero empezó a llamar la atención de los poderosos y sacerdotes que dominaban y dirigían las mentes y el espíritu de todo el pueblo de Israel. Al principio vieron en él a un fiel seguidor de la Ley de Moisés; el obrero carpintero era considerado pues un buen judío; pero los sacerdotes empezaron a ver que Yehoshuah de Nazerat defendía siempre a los de su clase, a los pobres, cosa que no les convenía, como tampoco a los romanos que habían invadido Israel y que veían en él a un posible revolucionario y agitador del pueblo judío. Yehoshuah predicaba la paz, la justicia y el amor al prójimo practicado, y no solamente predicado; repetía siempre que los dos principales mandamientos de Dios son éstos: "Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a tí mismo". Y claro está, el que ama al prójimo como a sí mismo no puede hacerse rico a costa de su trabajo.

Yehoshuah trabajaba y predicaba, pero ya en secreto amaba a una mujer, María de Magdalá, conocida hoy como María Magdalena, poco recomendable por su vida bastante libre; se rumoreaba si tenía algún hijo en secreto, pero Yehoshuah un día se decidió y le propuso el casarse con ella. Pero María de Magdalá no quería hacer daño a Yehoshuah y durante un tiempo se negaba, pero al final se casaron en Canná en contra de las opiniones de algunos familiares y amigos, teniendo juntos un hijo al que le pusieron por nombre de Yokanaán (Juan).

Mucha gente en Israel conocía a Yehoshuah, el rabí carpintero; sus dichos y hechos eran discutidos por unos y alabados por otros, y en algunas ocasiones curaba a los enfermos, sobre todo con palabras luminosas y llenas de esperanza para los pobres; y es por eso que muchos ya se preguntaban si Yehoshuah de Nazerat era el profeta tan esperado por el pueblo de Israel. Pero muy pocos comprendían que lo que llevaba dentro de sí el hombre llamado Yehoshuah, era el Meschiah (Mesías) o Espíritu de Dios, (al que tiempo después se le dió el nombre griego de Chrestos o Cristo). Pero conviene aclarar que el Meschiah o Cristo, no era ni es un hombre, sino un estado de liberación del espíritu, que siempre ha estado presente en la historia de la evolución humana, a través de aquellos individuos que lo han buscado y vivido de verdad en ellos mismos; pero este Mesías malentendido religiosamente como un ser libertador, es el que unos en vano lo esperan fuera de sí mismos, mientras otros claman tenerlo basándose en las creencias religiosas, pero que en todos falla al no tener experiencias espirituales. Yehoshuah de Nazerat era un profeta más a través de la historia humana, pero fue el único que predicó que todo ser humano puede dirigirse a Dios de forma directa, sin intermediarios de ninguna clase, algo que siempre ha ido en contra de los intereses de los sacerdotes de todas las religiones del mundo a través de la historia humana.

Así pues, el rabí nació, vivió y murió como todos los seres humanos; nada de la virginidad de su madre María, y nada de la resurrección de su cuerpo físico, ya que el Espíritu de Dios o Cristo, –que es la justicia, la bondad, la paz, la sabiduría universal, etc. pero puesta en práctica–, expresándose por su boca, siempre se refirió a las cosas del espíritu en sus predicaciones. Y esto se comprende fácilmente si se tiene presente que todos los seres humanos estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, o sea, somos parte del Creador y Recreador del Infinito Universo que es Espíritu, aclarando de esta manera y para que se entienda definitivamente, que nuestra imagen y semejanza con Dios es espiritual, y que todas las cosas materiales, cuerpos físicos, etc., todo se trasforma, quedando la realidad del espíritu, que como Dios mismo es eterno. Pensando bien todo esto, es fácil entender lo siguiente: Yehoshuah de Nazerat era más bien feo, nariz muy abultada, bajito, algo encorvado y cojeaba un poco, pero su mirada era penetrante y cariñosa, la gente le escuchaba con agrado y le seguía; y esto era así porque la bondad inherente en el ser humano es el Amor de Dios personificado; ayer, hoy y siempre la bondad atrae, convence.

Este es el verdadero y único evangelio, y esta la realidad que no han entendido las religiones organizadas, ya que en vez de convencer con el ejemplo individual de sus sacerdotes a sueldo, han usado la excusa de la organización religiosa para convertir, sobre todo a la gente pobre, –con la cruz o la espada, según les ha convenido– a fin de hacer adeptos, que traducido en un idioma comprensible a todos, no es más que poder y dinero. Pero la gente de Israel con dinero y poder religioso y político, no estaba de acuerdo con Yehoshuah, y se buscó la forma de poder condenarlo y lo crucificaron.

Murió Yehoshuah el hombre, (que seguramente reencarnó en otras vidas para ayudar a otros seres humanos), pero el Cristo, o sea, el Espíritu de Dios que es eterno, vive y está siempre presente en la conciencia y vida humana. Y los descendientes de aquellos primeros israelitas nazarenos o cristianos que llegaron a Mallorca lo sabemos por propia experiencia, porque ese Espíritu Universal vive en nosotros y en todo ser humano que lo busca de verdad dentro de sí mismo, en su propia vida. Y ese Espíritu Universal o Cristo dice: –"Cumple los mandamientos de Dios; ama a Dios sobre todas las cosas; ama a tu prójimo como a tí mismo; lo que no quieras para tí, no lo quieras para los demás; procura siempre hacer el bien; nunca te olvides de Dios; el reino de Dios es de los pobres; lo que se siembra se recoge; procura tener siempre tu corazón limpio, sé pacífico, bondadoso y no temas nada, yo siempre estoy contigo". Y nuestros padres y abuelos siempre nos decían:

–"Procurad siempre estar con Dios y mandad a paseo a los sacerdotes de todas las religiones, pero no odiéis a nadie; buscad siempre la paz, la concordia, pues vale más comer pan con aceite en armonía en la casa, que buenas comidas en discordia y odio; estemos siempre todos en armonía con nuestro "Buen Jesús" y no olvidemos nunca que el egoísmo es la mala bestia, y el negocio es negativo, es malo, porque consiste en comprar barato y vender más caro, y no solamente los productos sino lo que es peor, el salario de los obreros, porque nadie se hace rico trabajando honradamente, pero sí a costa del trabajo de los demás, burlándose de Dios y del prójimo, ya que Dios dice: "Ama a tu prójimo como a tí mismo"; si un empresario, comerciante, etc., reparte entre todos sus obreros los beneficios que produce el trabajo, o crea nuevos puestos de trabajo, ya está bastante cerca de la verdad de Dios, es ya un cristiano de verdad".

1 comentario:

Nelkita dijo...

El Evangelio Pobre de YEHOSHUAH de NAZERAT.

A pesar de tanta literatura escrita sobre este ser humano, pocos son los autores que describan a Yehoshuah como un hombre pobre que compartió con los pobres su experiencia espiritual, sus sueños, sus pensamientos de libertad y sus conceptos de justicia; trabajando en aquello que podía y había, pescando con sus amigos, cuidando ovejas, cargando fajos de leña o practicando el oficio de su padre, o sea, remiendos de carpintería, chapuzas, etc.

Yehoshuah fue un provocador, dulce en el trato humano pero irónico y crítico a la vez con los poderosos de la religión judía y con sus sacerdotes. Con temperamento firme hasta el punto de tener prohibida la entrada en las sinagogas por su claridad a la hora de hablar, sus enseñanzas despertaban en los más pobres el sentimiento de la dignidad humana frente al poder político y religioso, tremenda crítica a una religión que impedía la comunicación directa del tú a tú con Dios, algo que el rabinato de Israel no le perdonó. Y es que Yehoshuah era tan rotundo en su clamor de justicia y de paz, que hasta los grupos más reaccionarios de Israel -incluyendo a los propios zelotas- le llegaron a mirar con cierto recelo y envidia.

Bajo esa libertad espiritual practicada por el rabí de los pobres y por sus seguidores, muchos hombres y mujeres transformaron su visión religiosa en una práctica mística tan sencilla y personal, que acabaron convirtiendo sus casas en auténticas sinagogas de conocimiento espiritual en las que reunirse para hablar de las cosas de la vida, de la justicia y sobre todo de la fuerza que iban adquiriendo a medida que se alimentaban del Espíritu, ese algo interior que le movía y que algunos años después los apologistas griegos y romanos definieron como Chrestos ó Cristo.

En el transcurso de estos casi dos mil años de cristianismo organizado, las organizaciones religiosas tanto católica, como protestante, ortodoxa, etc., han depositado todo su empeño en divinizar al hombre que fue Yehoshuah de Nazerat creando una imagen que millones de seres humanos han seguido a ciegas y que al mismo tiempo lo han convertido en un desconocido en cuanto a ser humano y como portador de un mensaje sencillo de justicia predicado con el ejemplo.

Es evidente que este mensaje profundo y sencillo que el carpintero despertó no interesó ni interesa en la actualidad a los poderosos pero el cristianismo nació de la toma de conciencia de un hombre humilde y a los hombres humildes fue dirigido, por lo tanto como bien decía el rabí de los pobres a las iglesias y sinagogas de los ricos “No se puede servir a Dios y al dinero”.