domingo, febrero 13, 2005

El Pais de Nunca Jamás

Es un lugar mágico donde todo se hace realidad. No figura en ningún mapa aunque todos alguna vez en nuestra vida lo hemos visitado.


Han sido muchos los que han escrito sus historias para poder compartirlas con nosotros. De alguna manera facilitarnos el ticket para el ese lugar tan mágico. Por desgracia hoy en día se esta perdiendo la tradición y son menos los chicos que viajan al País de Nunca Jamás. Conforme vamos creciendo perdemos más y más a ese niño que hemos llevado dentro.

La única manera de recuperarlo es soñando. Ponemos a vuestra disposición un TICKET, nunca es tarde.


EL ORIGEN DE LOS GANDÓS

Erase una vez un bariba que tuvo cuatro hijos. La familia constituía un pueblo. Entonces existía la esclavitud: los hijos de los nobles salían por los pueblos en busca de muchachos que prendían y luego vendían en los mercados, generalmente a los peul (tribu de pastores nómadas). Cuando los niños que encontraban en sus correrías eran ya mayores y eran capaces de defenderse, los amenazaban con la lanza diciendo:


- ¿Quieres que la lanza beba tu sangre o prefieres majar el grano en el campamento?.

Si la víctima respondía: “Que la lanza beba la sangre”, lo atravesaban con el arma y moría. Si respondía: “De acuerdo. Iré a majar el grano al campamento”, entonces se le prendía, se le llevaba al campamento y se le vendía a un peul.. Todos los esclavos que estaban allí eran de la misma raza, eran de origen, no eran peul. Esa fue la suerte que corrieron los cuatro hijos de nuestro bariba.


El peul, además, compró una mujer y un hombre que también tuvieron varios hijos que automáticamente se convertían en servidores de su señor. Así pues, todos los esclavos que se habían concentrado en aquel campamento ¿no se iban a concertar y organizar entre ellos una vida social y resolver juntos sus asuntos? Efectivamente, constituían un grupo diferenciado, vivían entre ellos, se casaban, se reproducían y se daban sus leyes y normas. Todos los que habían sido apresados por los wasangari (nobles bariba) y que habían sido vendidos a los peul formaban parte de esa nueva sociedad.


Junto a estos que habían sido reducidos a la esclavitud por la fuerza, se añadían otra clase de siervos. Por ejemplo, había una vez un bariba que tuvo un hijo y cuando llegó el momento de la dentición, en vez de empezar a salir los dientes del maxilar inferior, como suele pasar casi siempre, le salieron primero los dientes de arriba. El padre tuvo miedo, aquello era una maldición y se sentía incapaz de guardar un hijo en tales condiciones; entonces, se acordó de que en tales casos se llevan los niños a los peul. Tomó al recién nacido y se lo llevó al peul diciendo:

- Guarda este muchacho. Es signo de desgracia para la familia. No lo puedo guardar en casa ni tampoco soy capaz de darle muerte.

En ese preciso momento, llegaron varios nobles con muchachos que habían apresado en sus correrías y que vendieron al mismo señor. Todos ellos se habían convertido en siervos. Crecieron y trabajaron en la casa del pastor nómada hasta su muerte. Cuando llegaron a ser adultos y habían creado su propia familia, ya no recordaban sus pueblos de origen. Se habían criado juntos. Se habían casado y habían tenido muchos hijos. ¿Qué podían hacer a la muerte de su señor?

Se pusieron de acuerdo y fundaron una nueva tribu. Construyeron sus casas y dieron un nombre al nuevo pueblo que habían levantado. Ya no vivían en el campamento peul, ahora estaban instalados en un pueblo que era el que habían construido y que era el suyo. El nombre que pusieron a su poblado fue: “Que este lugar sea dulce”. Esa era su tierra, aquellas eran sus casas y juntos habían creado una nueva tribu. Aquel era su pueblo; y si salían fuera y se encontraban con un extranjero que les preguntaba :

“¿De dónde eres?
¿cuál es tu pueblo?”
Ellos respondían:
- Somos del pueblo: “El lugar dulce”.

Por este método nacieron a causa de la esclavitud. Al principio eran esclavos pero luego, cuando su dueño desaparecía, se convertían en hombres libres que construían sus propias casas y fundaban nuevas poblaciones que solían tener siempre el mismo nombre: “Que el lugar sea dulce”. Es decir “Gam n do”, en lengua bariba (de allí la palabra “gando”). Y cuando un bariba les decía: “Pero, si sois igual que nosotros, tenéis el mismo físico ¿cómo es posible que forméis una tribu diferente”. Entonces ellos les explicaban su historia y cómo se habían convertido en “gando”. En realidad son bariba que habían sido esclavizados y que después habían recobrado la libertad.

Este es el origen de la etnia “gando”, que habían vivido hace muchísimos años al servicio de los peul y que ahora habían recobrado su dignidad e independencia.

1 comentario:

Nelkita dijo...

La Traición de Wendy.

Crecer. Crecer y olvidar lo que fuimos.
Renunciar a las utopías. A los sueños que de pequeños tuvimos.
Olvidarse de Nunca Jamás y convertirse en un completo idiota.
Esta es la traición de Wendy.
Para algunos una ley natural.
Para nosotros innecesaria.
Así que enciende la luz .Que Peter Pan no se asustará.

“Wendy estaba sentada en el suelo, muy cerca del fuego, para poder ver mientras zurcía, pues no había ninguna otra luz en el cuarto, y mientras zurcía oyó un graznido. Entonces la ventana se abrió de un soplo como en otros tiempos y Peter se posó en el suelo.
Estaba exactamente igual que siempre y Wendy vio al momento que todavía conservaba todos sus dientes de leche. Él era un niño y ella era una persona mayor. Se acurrucó junto al fuego sin atreverse a hacer ningún movimiento, impotente y culpable, una mujer adulta.
- Hola, Wendy dijo él, sin notar ninguna diferencia, pues estaba pensando sobre todo en sí mismo y a la escasa luz su vestido blanco podría haber sido el camisón con que la había visto por primera vez.
- Hola, Peter - replicó ella débilmente, encogiéndose todo lo posible. Algo en su interior clamaba: «Mujer, mujer, suéltame.»
- Peter - dijo, vacilando, ¿estás esperando que me vaya volando contigo?
- Claro, por eso he venido.
- No puedo ir - dijo en tono de excusa.
Se me ha olvidado cómo volar.
- No tardo nada en volver a enseñarte.
- Peter, no malgastes el polvillo de las hadas en mí. Se había levantado y por fin lo asaltó un temor. - ¿Qué pasa? - exclamó, encogiéndose.
- Voy a encender la luz - dijo ella, y entonces lo verás.
Casi por única vez en su vida, que yo sepa, Peter se sintió asustado.
- No enciendas la luz - gritó.
Ella revolvió con las manos el pelo de aquel niño trágico. Ya no era una niña desolada por él: era una mujer adulta que sonreía por todo ello, pero con una sonrisa llorosa.
Luego encendió la luz y Peter lo vio. Soltando un grito de dolor cuando aquel ser alto y hermoso se inclinó para cogerlo en brazos”.