sábado, febrero 12, 2005

Su Gran Pesadilla

12 de febrero Día mundial contra la utilización de niños soldados.

Desde 1996, miles de niños (más de 300.000) han sido obligados a unirse al ejército y las milicias en la República Democrática del Congo. Las campañas de reclutamiento son prácticamente continuas; el servicio militar obligatorio es habitual, aunque el alistamiento voluntario también es una práctica generalizada.

A estos niños se los ha secuestrado en la calle o se los ha sacado de las aulas, campos de refugiados o campos de desplazados internos. A otros muchos se los ha forzado a salir de sus casas a punta de pistola, mientras unos padres angustiados los veían partir sin poder hacer nada. Según los informes recibidos, a otros se los ha reclutado cuando estaban jugando cerca de su casa o iban andando por la carretera. Se sabe que algunos niños se han unido a las fuerzas del ejército o la milicia de forma voluntaria, con el telón de fondo de la separación de sus familias, las condiciones de pobreza y el desplome de los servicios sociales básicos, como los centros educativos y de salud.

Una vez reclutados, se suele enviar a estos niños a campos de entrenamiento junto a los adultos reclutas para que reciban formación y adoctrinamiento militar. En estos campos suelen recibir un trato violento y, en algunos campos, han muerto niños debido a las deplorables condiciones en que vivían. Tras varias semanas de entrenamiento, se los despliega en las líneas de combate para utilizarlos como carne de cañón. Allí se los obliga a servir como señuelos, como detectores de la posición enemiga, como guardaespaldas de sus comandantes o como esclavos sexuales. La mayoría de las niñas soldado han denunciado haber sido violadas o explotadas sexualmente por sus jefes militares y otros soldados. A menudo, también se utiliza a niños y niñas como porteadores de la munición, el agua o los alimentos, y como cocineros.

En las líneas de combate, se obliga a los niños reiteradamente a cometer abusos, entre ellos violaciones y asesinatos, contra civiles y soldados enemigos. A algunos se los ha forzado a matar a miembros de su propia familia, y a otros a participar en actos sexuales y de canibalismo con los cadáveres de los enemigos muertos durante los combates. A menudo se les administran drogas y alcohol para hacerlos insensibles a las emociones cuando cometen estos crímenes.

Éste fue el caso de Kalami, de 15 años, y con seis de experiencia en uno de los grupos armados que operan en la República Democrática del Congo: "Nos dijeron que teníamos que matar a la gente obligándolos a quedarse dentro de sus casas mientras nosotros las quemábamos. Incluso tuvimos que enterrar a algunas personas vivas. Un día, los jefes nos obligaron a mis amigos y a mí a matar a una familia, cortar en pedazos los cadáveres y comérnoslos […] Mi vida está destrozada. No tengo nada por lo que vivir. Por las noches no duermo. Me sigo acordando de las cosas horribles que vi y que hice cuando era soldado."

En muchos casos, el coste personal que deben pagar los niños soldados es muy elevado: insensibilizados y profundamente traumatizados por la experiencia vivida, a muchos les siguen asediando los recuerdos de los abusos que presenciaron o que les obligaron a cometer. En el caso de las niñas soldado, además de la brutalidad y el trauma derivados de la violación en sí, las agresiones sexuales pueden producirles lesiones físicas graves y embarazos forzados, así como contagio de VIH y otras enfermedades de transmisión sexual.


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