sábado, marzo 05, 2005

La Campesina

Hay que saber cambiar las victorias inmediatas por conquistas duraderas.

El emperador de Akbar interrumpió su cacería en el bosque, se arrodilló e hizo las oraciones de la tarde. En aquel momento, una campesina que corría desesperada en busca de su marido tropezó con el emperador, arrodillado.
Sin pedir disculpas, siguió adelante. El emperador de Akbar se quedó contrariado, pero como buen musulmán, no interrumpió lo que estaba haciendo.

Media hora después, la campesina volvía contenta junto a su marido, cuando fue apresada y llevada a Akbar.
- ¡Explícame tu irrespetuoso comportamiento o serás condenada! - bramó el emperador.
- Pensaba tan interesante es mi marido que no vi nada. Su Alteza pensaba en alguien mucho más importante que mi marido. ¿Cómo pudo verme?
El soberano no respondió nada.

Más tarde confió a sus amigos que una simple campesina le había enseñado el sentido de la oración.

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