lunes, mayo 30, 2005

Pequeñas Tradiciones

Sólo cambiaremos el curso de la historia si actuamos a favor del prójimo.



El centésimo nombre (tradición sufí)

Un estudiante pidió a un maestro sufí que le velase el quinto nombre de Dios.
-Quien conoce ese nombre es capaz de cambiar el curso de la historia –comentó.
El maestro le dijo que pasara un día entero a las puertas de la ciudad. El muchacho obedeció, y volvió al día siguiente.
-¿Qué es lo que viste? –preguntó el maestro.
-Un viejo intentó entrar en la ciudad con un carnero para vender. El guarda le quiso cobrar un impuesto, pero el hombre no tenía dinero. Entonces el guarda le robó el carnero y a él lo echó. Yo pensaba: si supiera el nombre oculto de Dios, podría cambiar esa situación.
-Podrías haber impedido esa injusticia, pero preferiste soñar con una revelación. ¡Qué tontería! Pues bien, voy a revelarte el quinto nombre de Dios: actúa a favor del prójimo. Sólo así podemos cambiar el curso de la historia.
Sólo cambiaremos el curso de la historia si actuamos a favor del prójimo.

No lo quiero ofender (tradición islámica)

Durante su peregrinación a la Meca, un hombre santo comenzó a sentir la presencia de Dios.
En medio de un trance, se arrodilló, escondió el rostro y rezó:
-Señor, quiero pedri sólo una cosa en mi vida: que me concedas la gracia de no ofenderte jamás.
-No puedo concederte esa gracia –respondió el Todopoderoso-. Si no me ofendes, no tendré motivos para perdonarte. Si no tengo qué perdonarte, pronto olvidarás también la importancia de la misericordia para con los demás. Por es, continúa tu camino con amor, y déjame practicar el perdón de vez en cuando, para que tú tampoco olvides esta virtud.


Alumnos y profesores (tradición sufí)

Nasrudin, el eterno personaje de las leyendas sufí, estaba sentado a la puerta de su casa cuando vio pasar a un profesor con un grupo de alumnos.
-¿Adónde vas? -le preguntó.
-A rezar para que Dios acabe con la corrupción, ya que él siempre escucha las plegarias de los niños -respondió el profesor.
-Una buena educación ya habría acabado con eso. Enseña a los niños a ser más responsables que sus padres y tíos.
El profesor se ofendió:
-¡He aquí un claro ejemplo de falta de fe!
¡Los rezos de los niños pueden llegar a cambiarlo todo!
-Dios escucha a todo el que reza. Si sólo escuchase las plegarias de los niños, entonces no habría ni una sola escuela en el país; no hay nada que odien tanto como a un profesor.

No hay comentarios: