lunes, junio 13, 2005

Gotas de Aceite

A veces el guerrero de la luz tiene la impresion de estar viviendo dos vidas a la vez

En una de ellas está obliado hacer todo aquello que no quiere, a luchar po ideas en las que no cree. Pero existe otra vida, y él la descubre en sus sueños, lecturas y encuentros, con gente que piensa como él.
Sin embargo, si presta un poco de atención, se dará cuenta de que su vida es sólo una; lo único que tiene que hacer es dejar que sus sueños cuiden de su día a día y que la disciplina de sus pasos lo ayuden a hacer realidad sus sueños.
Porque todos necesitamos mantener el equilibrio entre rigor y misericordia, como demuestra esta antigua leyenda:



Un mercader envió a su hijo a aprende el secreto de la felicidad con el más sabio de todos los hombres. El muchacho anduvo durante cuarenta días por el desierto, hasta llegar a un bello castillo, situado en lo alto de una montaña: allí vivia el sabio que el muchacho estaba buscando.
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Pero en lugar de encontrar a un hombre santo, nuestro héroe entró en una sala llena de gente donde sucedían muchas cosas a la vez: entraban y salían mercaderes, la gente conversaba por los rincones, una peqeuña orquesta tocaba suaves melodías y había una mesa con los más deliciosos platos de aquella región del mundo.

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El sabio conversaba con todos, y el muchacho tuvo que esperar dos horas a que le llegara el turno de ser atendido.
El sabio escuchó atentamente el motivo de la visita del muchacho, pero dijo que en aquel momento no teniía tiempo de explicarle el secreto de la felicidad. Le sugurió que se diese un paseo por su palacio y que regresase al cabo de dos horas.
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-Sin embargo, deseo pedirte un favor - dijo el sabio, mientras le daba al muchacho una cucharita de té en la que vertio dos gotas de aceite.
"Mientras vas caminando, lleva ontigo esta cucharita sin dejar que se derrame el aceite".
El muchacho empezó a subir y bajar las escalinatas del palacio, manteniendo siempre los ojos fijos en la cucharita. Al cabo de las dos horas volvió en presencia del sabio.
-Así pues - preguntó el sabio- ¿has visto los tapices persas que hay en mi salón? ¿Has visto el jardín que el maestro de los jardineros tardó diez años en crear? ¿Has reparado en los bellos pergaminos de mi biblioteca?
El muchacho, avergonzado, confesó que no había visto nada. Su única preocupación había sido no derramar las gotas de aceite que el sabio le había confiado.
-Pues entonces vuelve y conoce las maravillas de mi mundo - dijo el sabio-. No puedes confiar en un hombre si no conoces su casa.
Ya más tranquilo, el muchacho cogió la churarita y volvió a pasear por el palacio, esta vez reparando en todas las obras de arte que colgaban y techo y de las paredes.
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Vio el jardín del maestro de los jardineros, que armonizaba con las montañas del horizonte.
Sintió el perfume de cada flor. Admiró los pergaminos de textos sagrados, creados por el hombre con paciencia y devoción. Olbservó que, aunque el sabio tuviese tantísimas obras de arte, sabía distribuirlas con equilibrio por toda la casa, de modo que cada una de ellas pudiese recibir la atención del visitante.
De vuelta en presencia del sabio, relató cuidadosamente todo lo que había visto:
Y el sabio le preguntó:
-Pero ¿dónde están las dos gotas de aceite que te confié?
Horrorizado, el muchacho miró la cucharita y se dio cuenta de que las habia derramado.
-No te preocupes- dijo el más sabio de todos los sabios. Tú vinistes aquí en busca de un consejo y eso es todo lo que tengo que decirte:

El secreto de la felicidad está en contemplar todas las maravillas del mundo y no olvidarse nunca, en ningún momento, de las dos gotas de aceite en la cucharita.

2 comentarios:

Akane dijo...

Gran blog, muy a tu estilo :)
Nunca dejes de interesarte por la cultura Japonesa, aún te puede sorprender más...
Felicidades

Zolsaihan dijo...

Asombrado... Te doy las gracias Akane