domingo, julio 10, 2005

El Domingo De Nelkita

HAMBRE EN EL SIGLO XXI

Nur habría apagado el televisor sin dudarlo un momento. A pesar de sus escasos doce años sintió una rabia insensata que no había sentido jamás, y una oleada de asco y rencor invadió la boca de su pequeño estómago vacío. Sentada en la salita del hospital de campaña de Médicos Mundi, observaba atónita la programación que llegaba a través de una antena parabólica colocada en el exterior.
A Nur siempre le había gustado acompañar a su madre y a su hermanita al hospital de campaña. Allí todos eran amables con ella y la querían mucho. Y siempre le daban una bolsa con galletas, una tableta de chocolate y un saquito de leche en polvo. Nur se comía la leche en polvo a puñados, porque el agua con la que debía mezclarla era un bien demasiado escaso. De todas formas, como decía su madre, aquello no era leche de verdad, aunque a ella le gustase casi tanto como la harina de mijo.
Nur había acompañado a su madre un millar de veces al hospital. Su hermanita Leyla lloraba mucho y apenas tenía fuerzas para comer, y esa noche devolvió tanto, que una mezcla sanguinolenta y amarilla hizo a todos temer lo peor.Nur amaba tanto a Leyla que, cuando ésta la miraba con aquellos ojos tan enormes, sólo la quería besar; pero no podía entender el porqué no apartaba las moscas de su carita, mientras su pequeño cuello se ladeaba, porque apenas bastaba para sostener erguida una cabeza extrañamente desproporcionada.
Aquella noche el llanto de Leyla era especialmente doloroso, y Nur no podía recordar ningún sollozo tan terrible, y eso que había oído muchos. Era un llanto seco, cansado y terminal, como el de un animalillo herido. Nur trató de pensar en aquel dolor, pues si podía localizarlo, tal vez adivinaría cual sería el final.
Recordó cuando las mujeres de su familia le hicieron tanto daño ahí abajo. Lloró y sangró durante horas y una grave infección estuvo a punto de costarle la vida. Cuando por fin la llevaron al hospital, estuvo varias semanas en cama y descansó como nunca antes lo había hecho. Todos los días le daban gelatina de fresa y Nur acabó pensando que todo aquel dolor había valido la pena. Ojala Leyla no tuviera que pasar por lo mismo, Nur se sorprendió de haber albergado aquel pensamiento.
De repente todo llanto cesó y un gélido silencio lo inundó todo. Tan sólo se oía el murmullo del televisor y el aletear de la muerte. Nur miró hacia la pantalla y por primera vez en su vida sintió asco y dolor. Siempre le gustó mirar aquellas imágenes que le parecían tan distantes, pero esa noche era diferente. Esa noche el rencor del hambriento pudo más que su curiosidad, y sintió odio hacia aquellos hombres y mujeres, odió hacia sus casas, coches y piscinas, odió hacia su maldita frivolidad, y sobre todo odio hacia aquellos dos imbéciles, que disfrazados con mallas ajustadas multicolores, gritaban que nunca más pasarían hambre gracias a cierto milagroso brebaje azul. Nur les observó extrañada, como si hubiesen perdido la razón.
Entonces cogió la silla en donde estaba sentada y reventó el cristal del televisor. Nadie dijo nada a Nur, nadie la miró con reproche, tan sólo una enfermera se le acercó, le acaricio la mejilla y la besó en la frente. Nur se sentó en el suelo y sollozó en silencio.Y esa noche un silencio respetuoso lo cubrió todo, y al día siguiente alguien arrojó el televisor a la basura. Tal vez porque ya no servía para nada, o tal vez porque alguien sintió que no había servido jamás. ¿Servirá algún dia?

No hay comentarios: