domingo, julio 31, 2005

El Domingo De Nelkita.

Masajes

Todos sabemos la deliciosa sensación de relajación que provoca el cepillado del pelo o recordamos la escena de un erotismo evidente del lavado de cabeza en Memorias de África. Para este masaje no es necesario aceite, pero sí conviene que coloques alguna vela o un palito de olor con esencia de rosas. Esta flor siempre ha sido considerada como símbolo del amor carnal, y su perfume contiene casi tantas feromonas como el olor sexual que emanan nuestros genitales. Como siempre, es conveniente que el ambiente esté caldeado y que ambos estéis desnudos. Lo ideal es que quien va a dar el masaje esté sentado en un sofá o sillón, y el que va a recibirlo, en el suelo, con la espalda apoyada sobre las piernas del masajista.
Necesitas un cepillo de pelo de cerdas suaves y un peine de púas grandes y espaciadas, y también puedes utilizar un aparato que venden para golpear ligeramente el cuero cabelludo, busca una música sexy y... Toma primero el peine y pídele a tu pareja que cierre los ojos y se coloque lo más cómodamente que pueda. Comienza desenredando el pelo hacia abajo desde la frente hacia la nuca, varias veces con suavidad, sin provocar tirones. Luego, echa los cabellos hacia la cara y peina a contrapelo para estar seguro de que no hay ningún enredo. Ahora, las puntas de los dedos de ambas manos se apoyan verticalmente sobre la frente, a la altura de las cejas. Llévalos suavemente hacia el borde del pelo y adéntrate en él, recorriéndolo como si estuvieras definiendo los surcos de una tierra de labor.
Ahora toma la cabeza con las yemas de los dedos, realizando una fricción digital en círculos como si estuvieras lavándole la cabeza con champú, en particular sobre los pequeños bultos o hendiduras que vayas encontrando y que se suelen localizar a la izquierda y derecha, cerca de la parte más alta de la región occipital. Esta manipulación sirve para relajar toda la piel del cráneo, eliminando la tensión acumulada por el estrés. Continúa con el ejercicio hasta que sientas que la cabeza, relajada, se mueve siguiendo el movimiento de tus manos. Tres veces suelen ser suficientes.
Ahora toma el peine y cepilla suavemente, con un ritmo constante y con la presión adecuada. Por lo menos la primera vez, la sensación es muy relajante y ya sólo falta la intención sexual para llegar a más. Cuando lo creas conveniente, toma el aparato golpeador o el mismo cepillo que estás usando y golpea ligeramente la zona superior de la cabeza, entre la frente y la coronilla. Cuentan los orientales que algunas personas pueden llegar al orgasmo sin ninguna otra ayuda, sólo con este ejercicio.

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