viernes, julio 29, 2005

José Angel Hevia

En este momento Hevia se encuentra promocionando su trabajo "ETNICO MA NON TROPO". Nosotros nos desplazamos al Castillo de Fuengirola para disfrutar de una noche mágica a la luz de las estrellas.

José Angel hevia Velasco, nace en Villaviciosa en 1967. Su primer contacto con la gaita fue a los cuatro años en una romería en Amandi. Iba con su abuelo materno y le impresionó aquel conjunto formado por un hombre y su gaita. Le pareció algo mágico porque no parecía haber división entre el gaitero, la música que sonaba y el instrumento.

A partir de aquel momento comenzó su afición y su lucha para que sus padres le compraran una gaita. Después de mucho buscar, apareció el constructor, pero no el maestro, al menos en mucho tiempo. Asturias sufría por aquel entonces un olvido por la tradición y la cultura popular. El olvido que llega cuando hay una desconexión entre las generaciones mayores y las más jóvenes.

Quedaba muy pocos gaiteros y tamboriteros en Asturias, y los que había eran muy mayores. Era el último eslabón de una cadena que afortunadamente se pudo recuperar a tiempo. Hevia a través de la enseñanza oral toda aquella riqueza popular. A estos chavales que empezaban a destacar en la décadas de los 70 se les llamo "la Quínta del Biberón".

Tenía Hevia unos 8 años cuando en la Romería de San Francisco en Cabranes, sus padres vieron a un gaitero inusualmente joven en aquella época y que tocaba al estilo de los viejos gaiteros.




Se comprometió a enseñarle a tocar la gaita, y así, comenzó su peregrinaje. Tres veces a la semana, después de salir del colegio, cogía el autobús hacia Gijón que dista 30km. de Villaviciosa a través de una carretera endiablada. Armado Fernández, le enseñaba al antiguo estilo y al día siguiente ensayaba lo que había aprendido.

Así que apenas le quedaba tiempo para otras aficiones, y su maestro le dio a elegir entre la gaita o la bicicleta, porque el ciclismo era su otro objetivo. Como años más tarde reconocería, le parecía más fácil tocar la gaita que entrenar subiendo los montes que rodean el valle en que se encuentra Villaviciosa. Vayas a donde vayas primero tienes que subir...

Al año de comenzar las clases, su maestro necesita que le sustituya para tocar con un grupo folklórico porque él se encontraba enfermo. Eran los Huevos Pintos de la Felguera. La casualidad hace que comience una trayectoria profesional. En aquel momento una "leyenda negra" acompaña a todo lo que tenía que ver con el mundo de la gaita. Se decía que todos los gaiteros acababan tocando de "chigre en chigre" bebiendo sidra sin parar.

Así que su madre, que nunca pensó que la gaita llegara a ser algo más que una afición para su hijo, lloró aquella primera vez que lo vio tocando por las calles, pensando que el camino que le quedaba por recorrer iba a ser muy duro.

En aquel año, aquella no fue su única actuación y su hermana Maria José empezó a ver que todos los gaiteros se hacía acompañar por un tamboritero. Así que ella también quiso participar de aquello y comenzó la labor de buscar un maestro.

Por suerte, uno de los mejores tamboriteros que tuvo Villaviciosa, Sabino Cifuentes, accedió a trasmitirle todos aquellos ritmos tradicionales y con gran paciencia en su propia casa le enseñaba a ella a tocar el tambor y compartía con su abuelo paterno historias de la guerra civil.

Así que la sala de la casa se transformaba en un extraño lugar lleno de humo de los "Celtas" que fumaba Sabino, ceniza que quemaba el sofá y olor a café y coñac. Al final de la clase, Hevia cogía la gaita y tocaba canciones para que su hermana tratara de acompañarlo. Aquello solía acabar en una gran trifulca y una "zapatilla" resolvía el problema.

En este momento Hevia se encuentra promocionando su trabajo "ETNICO MA NON TROPO". Nosotros nos desplazamos al Castillo de Fuengirola para disfrutar de una noche mágica a la luz de las estrellas.

1 comentario:

maya dijo...

la noche mágica con Hevia en concierto en el Castillo de Fuengirola fue el viernes 29 de julio, por cierto día de mi cumpleaños ; )

saludos de despedida