lunes, septiembre 26, 2005

Práctica Espiritual

Las historias Budistas del Tibet, imbuidas de un profundo sentido espiritual, tienen como objetivo evocar la atmósfera de paz, relajamiento, amplitud y libertad de la alta meseta himaláyica.

Hace muchos siglos, un viejo monje se encontraba circunvalando el gran monasterio de Reting en el Tibet central cuando el gran Lama Dromtompa, el más importante discípulo tibetano del famoso maestro Indio Atisha Dipamkara (responsable, en buena medida, de la segunda difusión del Budismo en el Tibet en el siglo XI) le vio y le preguntó: “Es algo muy positivo el llevar acabo la práctica de circunvalar los lugares sagrados, pero, ¿no piensas que sería mejor practicar el Dharma (la sagrada doctrina del Buda)? Humildemente el monje comenzó a estudiar, memorizar y recitar los discursos del Buda tal y como son presentados en los textos clásicos llamados sutras. Cuando Dromtompa volvió a encontrarse con su discípulo, profundamente concentrado en sus estudios, el viejo Lama le dijo: “Indudablemente es valioso estudiar las escrituras Budistas así como llevar acabo acciones virtuosas, pero, ¡es infinitamente mejor el practicar el noble Dharma!”



Tras una seria reflexión, el discípulo se determinó a meditar intensivamente en lejanos parajes, pensando que de esta manera lograría finalmente alcanzar rápidamente su meta espiritual y así la aprobación de su respetado maestro. Inevitablemente, Lama Dromtompa volvió a toparse con el monje mientras este se encontraba disciplinadamente practicando la meditación con gesto concentrado y serio. Lama Dromtompa le dijo: “Es indudable el que la meditación es buena pero la genuina práctica del Dharma es infinitamente mejor.”

Como podrán imaginar, ya para este momento el discípulo se encontraba profundamente confundido, no había nada que no hubiese intentado, más aparentaba ser imposible ganar la aprobación de su sabio maestro por lo que le preguntó: “Venerable mentor, ¿qué es lo que debo hacer si el sentido auténtico de la vida espiritual no se encuentra en la ejecución de actos rituales o virtuosos, el estudio y aún la práctica contemplativa?

Lama Dromtompa contestó:

“Abandona el apego y el aferramiento por con esta vida y eso te hará libre”.

2 comentarios:

aRa dijo...

La última respuesta me hace pensar, "¿cuál es la forma de vivir que te hace libre?".

Bonita historia.

Un beso

pienso que... dijo...

Ara espero que esto te pueda ayudar.gracias zol...

La ley de causa y efecto siempre está funcionando en nuestra vida. Cuando causamos sufrimiento a los demás, nuestras vidas se corrompen y restringen, haciéndonos sufrir y cometer más maldades. De otro lado, cuando llevamos alegría y felicidad a los demás o impedimos que sufran y se confundan, nuestras vidas mejorarán y se expandirán, haciendo que experimentemos alegría y felicidad y, a su vez, impulsándonos a hacer más actos de bondad.

Cuando abrazamos la fe en la Ley Mística y nos esforzamos en nuestra práctica diaria, podemos manifestar la vida del Buda, que es tan fuerte y brillante como un diamante, independientemente de las circunstancias que afrontemos. Este precepto de diamante es la base de toda autodisciplina y autocontrol.

La persona que escoge salvar su vida en lugar de hundirse en la inclinación de destruir, es más libre y más independiente que un ave en el cielo que no puede hacer otra cosa que aquello para lo que está programada. La libertad y la independencia, en este sentido, pueden ser descritas como nuestro poder de autodeterminación y autocontrol.

Quienes actúan decentemente sólo cuando se ven forzados a hacerlo por reglas externas, a menudo bajo amenazas de castigo, no son ni libres ni independientes. Además, quienes sólo buscan el placer y evitan el dolor a costa de los demás son menos libres e independientes; en realidad, son esclavos de sus propios deseos egoístas. Para ser libres, debemos gobernarnos a nosotros mismos, porque si no lo hacemos, permitiremos que alguien más nos gobierne.

Las personas son genuinamente libres e independientes cuando pueden controlar sus inclinaciones negativas y actuar misericordiosa y sabiamente por voluntad propia, sin esperar recompensas o castigos. Restaurando la intención y el propósito originales de los preceptos budistas, Nichiren Daishonin nos ayuda a esclarecer lo que significa ser libres e independientes, así como el significado de vivir moral y decentemente.

Manteniendo el principio de la Budeidad universal, podemos actuar libre y moralmente, independientes de la censura o coerción exterior. El precepto de la Budeidad universal, el cáliz de diamante, en consecuencia, no es una negación de otros preceptos budistas o reglas de conducta en general; es la sublimación de lo que se supone son.