martes, noviembre 29, 2005

Un Baño de Paz

Entrar en un baño y dejarse impregnar por el espíritu y el poder del agua es una meditación.

Me encanta retirarme en soledad, acompañada de un silencio absoluto. Acariciar mi cuerpo con la esponja enjabonada mientras ese ser espiritual llamado agua, me relaja y me prepara para la vuelta a la vida ordinaria.

En un ambiente perfumado por las varillas de incienso, mi corazón le transmite una petición de gratitud para que el agua cure las enfermedades o desequilibrios corporales, además también las actitudes mentales, emocionales y espirituales erróneas.

Siento la invulnerabilidad del agua, que se adapta a las formas, que sortea los obstáculos... La esencia del agua es que no tiene sustancia, no tiene forma fija, no tiene yo.

También nosotros, en la medida en que estemos dispuestos a perderlo todo: la identidad, el cuerpo, las ideas, las posesiones, los principios..., podremos hacernos invulnerables. Pero mientras queramos guardar algún tipo de espacio personal, de espacio protegido, de identidad, entonces seremos muy vulnerables.




El sonido de la lluvia
sobre las hojas está y no está...
¡Oh, nube viajera!

1 comentario:

xianseng dijo...

Preciosa visión de algo tan cotidiano. La ducha o el baño. El erotismo y el poder curativo.

Satisfecha y excitada se despide xianseng