martes, noviembre 01, 2005

Una Noche Sin Alojamiento

Lo primero de todo es aceptar la vida como es. Aceptándola, el deseo desparece. Aceptando la vida como es, las tensiones desaparecen, el descontento desaparece; aceptándola como es una empieza a sentirse muy alegre sin razón alguna. Si la alegría no tiene motivo, estará ahí para siempre.

Ocurrió en la vida de una famosa adepta zen. Se llamaba Rengetsu... Muy pocas mujeres han llegado hasta el final del camino zen. Ella era una de esas pocas mujeres. Estaba haciendo una peregrinación. Llegó a un pueblo al atardecer y se puso a pedir alojamiento para esa noche, pero los aldeanos le cerraban sus puertas. Estaban en contra del zen. El zen es tan revolucionario, tan absolutamente rebelde, que resulta muy difícil de aceptar. Si lo aceptas te transformarás; si lo aceptas tendrás que pasar por el fuego y nunca volverás a ser el mismo. Las personas tradicionales siempre han estado en contra de la verdadera religión. La tradición es todo lo que es falso en la religión. Los aldeanos debieron de ser budistas tradicionales, y no querían que la mujer pasar la noche en le pueblo; querían que se fuera.



Era una noche fría; la mujer no tenía alojamiento y estaba hambrienta. Tuvo que pasar la noche al abrigo de un cerezo del campo. Como hacía tanto frío, no podía dormir bien. Y el lugar era peligroso, estaba lleno de animales salvajes. A medianoche el frío la despertó y vio, contra el cielo nocturno, la flores del cerezo totalmente abiertas, riendo a la brumosa Luna. Sobrecogida por la belleza de la escena, se puso de pie e hizo una reverencia mirando hacia el pueblo, pronunciando estas palabras:

Gracias a su bondad
al negarme alojamiento
me he encontrado debajo de las flores
esta noche de Luna brumosa.


Se sentía agradecida. Daba las gracias a quienes le habían negado alojamiento porque, si hubiera dormido bajo un techo, se habría perdido esta bendición: estas flores de cereza y estos susurros de la misteriosa Luna, y el silencio de la noche, el absoluto silencio de la noche. No estaba enfadada, aceptaba la situación. Y no sólo la aceptaba y le daba la bienvenida; se sentía agradecida.

3 comentarios:

Angie dijo...

que calma y que paz da leer historias de este tipo. pero tengo una duda,¿el zen no es budismo?

pienso que... dijo...

Angie el zen por así decirlo es una fusión de las creencias del Budismo Mahayana con el Taoísmo.

sonela dijo...

A mi me trajo a la mente las palabras de un maestro budista que decía que debíamos ver los problemas como bendiciones, porque gracias a ellos podríamos generar paciencia.
Un post sereno y bonito.
Beso infinito =)