jueves, diciembre 29, 2005

La Imitación

El maestro zen Gutei solía levantar su dedo cuando explicaba cuestiones relativas al zen.
Un discípulo muy joven comenzó a imitarlo, y cuando alguien le preguntaba de qué había hablado su maestro, el muchacho levantaba el dedo.
Gutei se enteró de lo que estaba ocurriendo y un día, en el momento en que lo estaba haciendo, tomó al muchacho, sacó un cuchillo, le cortó el dedo y lo tiró lejos.
Cuando el chico salió corriendo, Gutei le grito: "¡Alto!" El muchacho se detuvo, se dio la vuelta y vio a su maestro a través de las lágrimas. Gutei tenía el dedo levantado. El muchacho fue a levantar su dedo y cuando se dio cuenta de que no estaba, hizo una reverencia. En ese momento se iluminó.

Ésta es una historia muy extraña y h ay muchas posibilidades de que la malinterpretes, porque lo más difícil de comprender en la vida es el comportamiento de una persona iluminada.
Los Maestros nunca hacen nada superfluo, ni siquiera levantar un dedo... Gutei no tenía el dedo levantado siempre; sólo cuando explicaba cosas del zen.
¿Por qué? Todos vuestros problemas provienen de que estamos fragmentados, desunidos, somos un casos, no una armonía. ¿Y que es la meditación? Tan solo una vuelta a la unidad. Las explicaciones de Gutei eran secundarias; lo principal era el dedo levantado. Estaba diciendo:
- ¡Sed uno y vuestros problemas se resolverán!
El muchacho comenzó a imitarle. Ahora bien, la imitación no te lleva a ninguna parte. Imitación significa que el ideal viene de fuera; no es algo que ocurra dentro de ti. Tienes una semilla dentro de ti; si imitas a otros, esa semilla seguirá muerta.
Gutei hubo de ser muy, muy compasivo. Sólo pudo ser tan duro por compasión: la imitación tiene que ser cortada de raíz. El dedo sólo es simbólico. El muchacho tiene que recibir un gran susto, y el sufrimiento tiene que llegar hasta el centro mismo de su ser. Un momento de intenta conciencia, una gran herramienta... Gutei gritó: ¡Alto! En el momento en que se paró, el muchacho ya no sentía dolor.
A causa de su viejo hábito, cuando el maestro eleva su dedo, el muchacho trata de elevar el suyo, que ya no está allí. Y por primera vez en su vida se da cuenta de que no es el cuerpo: es atención, conciencia. Es un alma, y el cuerpo sólo es una casa.
Eres la luz que había en el interior: no la lámpara sino la llama.

2 comentarios:

piruleta dijo...

Me ha gustado la historia. (Pero a pesar de que el dedo sea simbólico, ya podía haberlo hablado tranquilamente con el muchacho, y no ir a cortarle el dedo: ¿y si tocaba el piano?)

pienso que.. dijo...

juasjuas yo pienso igual que piruleta... "Dialogar" juas.. ainss.. con las utilidades para la play que tiene ese dedo.> SNIFF