domingo, enero 08, 2006

El Domingo de Nelkita

Fuerza Interior

La vida nos recuerda a menudo nuestra vulnerabilidad.
Situaciones en nuestro día a día nos hacen ser conscientes de que no podemos elegir ciertas cosas que nos ocurren como tampoco hemos elegido nuestro nombre ni el lugar donde hemos nacido.
Pero hay algo que siempre podemos elegir y que depende enteramente de nosotros: la respuesta y la actitud que vamos a tener ante dichas circunstancias.
La fuerza interior es el motor capaz de regir nuestra vida.
Tiene que ver con la motivación, con identificar nuestro propósito en la vida; con tomar decisiones, porque si nosotros no decidimos la vida lo hace por nosotros; y con ser proactivo, con hacer que las cosas pasen y no sólo esperar a que pasen.
En nuestra libertad de elección radica nuestro poder y de nosotros depende nuestra capacidad para levantarnos. La fuerza interior nos recuerda que principalmente nos tenemos a nosotros mismos para seguir adelante. Todos necesitamos a otras personas para encontrarnos bien, pero mal lo lleva quien no es capaz de estar bien consigo mismo, porque el equilibrio emocional no nos lo dan los de fuera.
Siempre nos tenemos a nosotros mismos, pero tengo que saber que soy lo que soy, no lo que los demás quieren que sea ni quien yo quisiera ser.
Soy lo que soy más mi potencial, que es ilimitado, una fuerza latente que puede activarse cuando defines un sueño, algo en lo que creer o por lo cual tener esperanza.El problema es que muchas veces dejamos apartado nuestro potencial porque las expectativas de los demás han influido poderosamente en nuestra vida.

Nuestros límites se ensancharán si nos damos la oportunidad de abrir nuestra mente y revisar nuestra historia y potencial. No estamos predeterminados.
Cuando controlas tus emociones y tus pensamientos e intentas que sean positivos y optimistas, la fuerza interior surge como un torrente. Esperamos que la vida tenga sentido, pero sólo tiene exactamente el sentido que nosotros queramos darle.
Los problemas existen y existirán, todo lo que tenemos que hacer es lo que podemos hacer. Nuestra mayor grandeza es levantarnos cada vez que caemos, porque no sobreviven lo más fuertes ni los más inteligentes, sino los que mejor se adaptan a los cambios.
Ser fuerte no es no tener miedo nunca, sino reaccionar a pesar de los temores y dudas; ser fuerte no es negar nuestras debilidades, pero tampoco perder el tiempo en aquello de lo que carecemos, sino aprovechar en lo que resaltamos; ser fuertes vivir plenamente la realidad, sea la que sea; en definitiva, estar y vivir el presente, sin esperar a que llegue la oportunidad y ocupar plenamente nuestro lugar en el mundo.
No hay nada peor que no ser consciente de cómo somos. Una persona realmente fuerte se conoce, asume sus debilidades e intenta equilibrarlas. Por el hecho de ser fuerte no se mete en situaciones que no puede afrontar, canaliza sus energías y objetiva sus estados de ánimo y sus cualidades. Si no fuéramos conscientes de nuestras debilidades seríamos unos arriesgados.
El miedo y los obstáculos siempre van a estar ahí para obligarnos a crecer. Hemos llegado a dónde hemos llegado como consecuencia de los problemas superados. Sin embargo hay un miedo peligroso, que es el miedo a dar el salto, a ser libre y responsable; es decir a dejar de culpar a los otros y dejar de poner excusas por nuestra situación.
No debemos olvidar que cada uno de nosotros está destinado a poseer un carácter exclusivamente suyo, a ser lo que nadie más podría ser o hacer exactamente igual. Y así somos inigualables y vulnerables, llenos de debilidades y de grandezas, de miedos y fortalezas, de sueños rotos y de deseos de volver a empezar, de dar un paso tras otro… así somos.


Descubro una fuerza y un coraje cuya existencia desconocía:
Me ayudan a aventurarme por el lado oscuro de mi alma,
Me dejo llevar por la corriente, y acabo anclando mi barco
En la isla a la que he sido conducido.

1 comentario:

cintia dijo...

muy bello relato que has dado hoy, y cuanta razón existe en el.
besos