jueves, enero 26, 2006

El Maestro Ancestral

La Tierra me ha dado mi cuerpo,
me ha dado la labor de mi vida,
el ocio de la vejez
y el descanso de mi muerte.
Lo que me impulsa a amar la vida
me impulsa a amar la muerte.
Esa barca escondida en un barranco,
esa red escondida en un pantano,
se creen seguras allí.
Pero si en medio de la noche
alguien fuerte se las lleva y las carga a sus espaldas,
no se enterará siquiera ni el que allí las dejó.
Lo pequeño escondido en lo grande:
tiene su lugar aunque puede perderse.
Mundo escondido en el mundo:
nada se puede perder.
Así es la realidad fundamental de lo inmutable.
El hombre se alegra tan sólo con su forma de hombre;
pero si esa forma sufre continua, indefinidamente
Diez Mil Transformaciones,
¿acabará alguna vez de contar sus alegrías?
Así el Santo se recrea entre los seres y las cosas
que no puede perderse,
y con ellos siempre permanece.
Muerte prematura, vejez
origen y fin
le procuran el mismo contento.
Y si el hombre gusta de imitar al Santo,
¡cuánto más debería imitar
Aquello que une a los Diez Miel Seres,
Aquello de lo que dependen todas las transformaciones!



Cita: Había pasado gran parte de su tiempo diciendo "no" a cosas a las que le habría gustado decir "si", decidida a vivir sólo las experiencias que podía controlar.

2 comentarios:

Raquel S. C. Font dijo...

Puedo hacer dos cosas el mismo día. Ya te contaré...

Nelkita dijo...

mmm...Precioso texto me ha encantado zol..y tus bombones tb...ñamm ñamm.Besitos Golosos de chocolate.Muakss.