viernes, marzo 24, 2006

No-Ego

Cuanto más desee al hombre ser libre, menos lo es, ya que su deseo de libertad proviene de la búsqueda de la satisfacción de sus deseos. La libertad buscada en este caso es la expresión de un apego reforzado al ego.
El bodhisattva tiene el espíritu libre, sin ego. Es libre universalmente. Pero la práctica de esta auténtica libertad va en contra de "la libertad" buscada por el mundo. La práctica del bodhisattva consiste en abandonar el ego, sin olvidarlo, siguiendo las reglas comunes, por ejemplo durante una sesshin, aceptando las amonestaciones del maestro, conformándose a su educación, etc.
Combatir por las vanidades del mundo materialista y concupiscente, luchar por pretensiones honoríficas, todo esto es apego vulgar a naderías. pero este apego es tan grosero que tarde o temprano el hombre se despierta a esa estupidez y torpeza. El punto peligroso aparece cuando este apego es sinuosamente disimulado tras un aire de falsa liberación.
La autentica libertad puede ser realizada cuando uno se separa del cuerpo y del espíritu y no guarda el menor rastro de complacencia. Esto significa volverse niño cuando hay que ayudar a un niño, volverse anciano cuando hay que ayudar a un anciano. Significa volverse pillo cuando hay que ayudar a un pillo, o santo cuando se debe ayudar a un santo.
Si no se tiene ego, no se teme a nada. Cuando no se posee nada, no se tiene miedo de perder. Los obstáculos y dificultades se convierten en modestos contratiempos aparecidos en nuestro camino con el fin de que nuestro espíritu mantenga su vigilancia y pueden ser utilizados como un entrenamiento continuo y sin relax a nuestro no-ego.
El hombre modernos ha perdido el sentido de los valores, ha perdido lo esencial. Descentrado, extraviado, se precipita sobre las satisfacciones materiales con una avidez de hambriento. Avidez de de bienes, de honores, avidez de reputación, de elocuencia, de "saber", y sobre todo, como tela de fondo, avidez de superioridad...
Cita: Bajo un puente vivía una familia de mendigos, un hombre, su mujer y su hijo. Un día, al volver de su mendicidad, la mujer dijo al marido:
- "Hoy no me han dado nada. Han pasado unos ladrones y han desvalijado las casas. Las gentes no me han abierto las puertas porque tenían miedo".
Al oír estas palabras, el hijo que aún era un niño dijo:
- "Papá, tenemos suerte. ¡Los ladrones nunca entran en nuestra casa!
- ¡Desde luego!, dijo el padre. Debemos agradecer nuestra pobreza. Este es el mérito de tus padres. ¡Nadie viene a robar a este puente".

2 comentarios:

Zolsaihan dijo...

Son “extensos” los post… aunque si piensas comentar me imagino que habrá sido porque interesada, por el No-Ego, has leído el post completo. Gracias ^_^


BESOS InTeMPoRALeS

.Marfil. dijo...

La muerte no da nacimiento a nada.

Por la negación al todo es que existimos como algo. Si ello desaparece, los males humanos, el mundo, el mismo universo pierde todo sentido, si es que lo ha tenido.