miércoles, julio 19, 2006

Ascetismo

Un e-mail publicado.
Era un hombre muy sencillo, pero de gran santidad. No destacaba por nada que no fuera su simpleza y humildad. AL amanecer se sentaba a la orilla del río y se abismaba en meditación. Su mente se fundía con lo Inmenso y en sus labios destellaba una sonrisa de paz infinita. Pero un día un enjunto asceta le zarandeó para sacarle de la meditación y le dijo:

- Amigo, no te pongas tan santurrón. Meditar, meditar ¿y qué consigues?
- Paz, compasión, unidad...
- ¡Tonterías! ¿De qué te sirve todo eso? Yo en cambio he ganado poderes psíquicos extraordinarios. He mantenido un brazo en alto durante años y durante años me he sostenido sólo sobre una pierna. He ayunado, he cargado rocas, he mirado días y días al sol quemándome los ojos, me he mortificado... Pero, ya ves, he venido hasta ti, desde la otra orilla del río, caminando sobre las aguas. Mis poderes son enormes. Muchos años de penitencia, pero he conseguido poderes sobrenaturales.
- Pero, amigo querido -dijo el santo-, no puedo entender por qué has pasado tantas penalidades cuando por una simple rupia nuestro barquero te hubiera cruzado en su barca.

Cita: La senda falsa es aquella que conduce a apuntalar el ego en lugar de debilitarlo.

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